Pese a que el nuevo Rey debería ser “coronado”, la realidad es que en Holanda, esa palabra no es más que una formalidad, ya que los reyes de los Países Bajos no llevan, jamás, una corona típica como la conocemos. En Holanda, el rey no es coronado, sino que es investido del poder real.

¿En qué consiste esto? La Constitución determina que, al comenzar a ejercer la función, tiene que prestar juramento cuanto antes y ser investido en una asamblea extraordinaria de los Estados Generales: el Congreso y el Senado. Dicha costumbre se remonta a la edad Media, cuando los derechos principescos en los Países Bajos eran ejercidos por condes, duques y obispos.
Al asumir su función, los monarcas realizaban una extensa gira a lo largo de distintas poblaciones de sus dominios y las autoridades de locales de estas ciudades investían al nuevo gobernante.
¿Por qué no hay corona? Para encontrar respuesta hay que remontarse a 1815. En ese momento, cuando Bélgica fue incorporada al reino de los Orange-Nassau, se decidió eso, debido a que ambas naciones eran muy distintas en el terreno religioso. Holanda era calvinista, en tanto que Bélgica, católica.
Lo tradicional entre los pueblos católicos era la coronación, oficiado por un ministro de la Iglesia en representación del sumo pontifica, pero este tipo de consagración real resultaba de todo punto inaceptable para los protestantes. Así fue que Guillermo I optó por un compromiso que dejó contentos a unos y a otros: la coronación (Kroning) se convertiría en “inauguración” de un reinado. Eso jamás cambió en Holanda.
La ceremonia de entronización no es muy extensa. Luego que llegue la princesa Beatriz a la iglesia, llegarán los nuevos reyes. Saldrán del Palacio y camninarán hasta la iglesia. Guillermo lucirá uniforme militar de gala, luciendo todas sus medallas y condecoraciones, y la banda de la Orden de Guillermo, el príncipe ya rey portará el Manto Real, una pieza infaltable en la “coronación” holandesa.
La historia de la misma se remonta a 1948, cuando la entonces princesa heredera Juliana (abuela de Guillermo Alejandro) encargó al carismático y atractivo modista suizo Erwin Dolder el diseño del traje de su coronación. Al parecer, Dolder no consideró aceptable que su elegante vestido fuera completado con “un trozo de tela de terciopelo viejo” y le fabricó un manto nuevo en terciopelo rojo al que cosió los 83 leones bordados en oro procedentes del original. Sin embargo, Dolder debió marcharse del país en 1956, cercado por grandes deudas. Nadie sabe que fue de él, por lo cual Guillermo deberá conformarse con una “imitación” de la pieza.
Guillermo y Máxima ingresarán al templo a los sones del himno nacional neerlandés, Het Wilhelmus, y se situarán en el mismo sitio donde, hace diez años, en 2002, se casaron. Esta vez no estará el obispo, sino una mesita pequeña donde habrán de ser colocadas las insignias de la Corona, los símbolos del poder y la dignidad real. Estos son: la Corona, el Cetro, la Orbe, la Espada y el Estandarte reales, todos mandados a fabricar en 1840 por el rey Guillermo II.
Lo primero que pasará en la ceremonia será el discurso del nuevo rey ante los miles de invitados. Luego, ante un ejemplar de la Constitución, el rey deberá pronunciar el juramento estipulado por la ley:
“Juro defender y guardar con todas mis fuerzas la independencia y el territorio del Estado, proteger la libertad y los derechos generales y particulares de todos mis súbditos y emplear todos los medios que las leyes pongan a mi alcance para el mantenimiento y fomento de la prosperidad general y particular, tal y como viene obligado a hacer un buen rey. Que Dios me ayude”.
Una vez finalizado, será el turno de los 225 miembros de las Cámaras Alta (Eerste kamer) y Baja (Tweede Kamer) del Parlamento de prestarle juramento al nuevo rey, con la siguiente frase: “Lo recibimos y le tributamos homenaje, en nombre del Pueblo Neerlandés y en virtud de la Constitución, como Rey. Juramos mantener su inmunidad y los derechos de su Corona. Juramos hacer todo lo que sea deber de unos buenos y leales Estados Generales. ¡Que Dios nos ayude!”.
Recién ahí, Guillermo Alejandro de Orange será el cuarto “Rey de los Países Bajos”. Su nombre será invocado en los documentos oficiales del país como “Guillermo Alejandro IV, por la Gracia de Dios, Rey de los Países Bajos, Príncipe de Orange-Nassau, etc., etc., etc…”, etcéteras que dan a entender que un sinnúmero de títulos utilizados antiguamente por los monarcas de la Casa de Orange y reasumidos por primera vez con Guillermo I, en 1813.
Al término, el presidente de las Cámaras dará el tradicional grito “¡Viva el Rey!” que deberá ser repetido tres veces por los parlamentarios y miembros del Gobierno.
Repicando las campanas de las iglesias de todo el reino, y retumbando los hurras y vítores en las gargantas de los holandeses, el príncipe ya será el primer rey holandés desde 1890. Máxima, en tanto, primera mujer sudamericana y argentina en ser entronizada reina de una nación europea.
Fuente: Diario BAE

By Ignacio

Ignacio Pereti es un reconocido periodista y escritor en proceso de aprendizaje continuo.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.